Red Ciudadana: La orfandad en el PRI

Por Miguel Ángel Chávez Valencia
Publicada el

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La primera semana del año 2018 trajo consigo una intensa actividad política que culminó con la visita del presidente Enrique Peña Nieto al estado, y que previamente marcó el encuentro que sostuvo con priistas el precandidato José Antonio Meade, que precisamente en esos días había sido objeto de varios señalamientos en la prensa nacional, en el sentido que durante las giras de trabajo por estados como Zacatecas y Aguascalientes, su presencia y discurso no lograron conectar ni despertar mayor emoción entre los militantes de dichos lugares.

 

Iniciamos este análisis considerando que en Colima prevalece un segmento de la población importante que se mantiene identificado con el PRI, sin embargo, hoy día esa fidelidad parece estar sujeta a la superación de dos pruebas sumamente difíciles: por una parte, la imposición de un candidato no priista que precisamente fue postulado para atraer esa votación externa que ahora parece ser más cotizada que la propia y que al parecer se cree que pudiera marcar la diferencia en la elección. La otra vertiente tiene que ver con la desatención del gobernador José Ignacio Peralta hacia el partido y la militancia. Vale la pena precisar que pese a que los priistas han tolerado el concubinato político de Peralta Sánchez con el PVEM, en los últimos meses se acentuaron signos que evidencian la inconformidad de diversos cuadros y liderazgos que renunciaron a sus cargos en municipios y a nivel estatal, precisamente por una serie de desaires y agravios del primer priista.

 

Probablemente el término “olvido político” no sea el más correcto para un supuesto líder que en ningún ha tenido presentes a quienes hoy reclaman de su atención, particularmente porque al parecer su trayectoria partidista se limitó al hecho de tener la credencial de militante. Por ello el gobernador no puede entender ni valorar lo que representa ser priista. Hoy día esta es una de las consecuencias de que el PRI, con el pretexto de hacerse del poder o mantenerlo, tenga que recurrir a candidatos de un perfil no priista o incluso externo, precisamente para buscar el voto de los segmentos que ya no confían en los cuadros tradicionales del priismo.

 

Resulta que al paso del tiempo el remedio está resultando peor que la propia enfermedad, sumergiendo al PRI en un espiral, en una orfandad política donde a los priistas solo se les muestran dos alternativas: perder, o ganar con candidatos cada vez más ajenos, e incluso totalmente opuestos y con formas de conducirse contrapuestas a la tradición política partidista.

 

Dada su condición de candidato externo es poco probable que José Antonio Meade se interese en conocer o dimensione la situación que el PRI vive en Colima y seguramente en otros muchos estados. ¿Acaso los priistas pueden esperar comprensión, solidaridad o una salida por parte de alguien que precisamente es postulado para el 2018, por contar con esas características distintas a las de cualquier priista y que de acuerdo a quienes toman las decisiones, son la única opción que tiene el PRI para sobrevivir en la arena electoral?

 

Con una estructura y liderazgos prácticamente abandonados, que paulatinamente se van dando cuenta cómo las simpatías e interés político del gobernador se trasladan a otros partidos, los priistas en Colima no tienen otra opción más que aceptar un candidato presidencial externo y continuar padeciendo el desapego de un mandatario estatal que pese a su militancia, piensa, siente y se comporta como seguramente lo hará José Antonio Meade en el hipotético caso de que remonte ese tercer lugar en que se encuentra y gane la Presidencia de la República.

 

Lo que le sucede al PRI es que sin haber logrado transitar hacia formas más democráticas e incluyentes de conducción política y de toma de decisiones, es forzado a sufrir una nueva adaptación, una más que se añade a las muchas que ha experimentado desde sus mismos orígenes y que le han permitido mantenerse como una alternativa electoral durante décadas. Sin embargo, este último proceso de cambio al que se recurre para preservar el poder, parece ser un callejón sin salida. Sí, la moda por adoptar candidatos externos va más allá de los alcances del arribo de la tecnocracia en la década de los ochentas. Recordemos cómo pese a su origen y yerros como priistas y gobernantes, personajes como Miguel de la Madrid o Carlos Salinas entendían la necesidad de fortalecer a su partido y de mantener canales de comunicación con la militancia. Ahora, en el caso que el PRI logre preservar el poder, todo apunta a que la propia transición a que es sometido, lo seguirá llevando a un colapso producto de la postulación de candidatos externos y a la conducción de políticos advenedizos, que siendo militantes o no, continuarán la dinámica de reservar espacios y oportunidades a nuevos invitados “ciudadanos” o a priistas con ese perfil, dando continuidad al alejamiento de los principios y formas que durante años han regido la vida interna partidista.

 

En otras palabras, el PRI tiene en José Ignacio Peralta y José Antonio Meade, dos ejemplos claros de cómo el postular candidatos con estas características, acelera su propio proceso de decadencia política por la imposición de decisiones alejadas del sentir de los militantes. No deja de existir la posibilidad que sobre la marcha, sobre todo si este partido es derrotado el 2018, sobrevenga una reconformación de fuerzas y un viraje en los estilos que están de moda, pero de momento todo parece indicar que los priistas, al menos en lo que culmina este proceso electoral, seguirán trabajando para otros. Sí, para que otros sean sus candidatos, para que otros los gobiernen con funcionarios que en gran proporción también serán externos al partido. A cada cambio de administración proseguirán la recisión de contratos y los despidos, para dar oportunidad a personas de un perfil “ciudadano” que ayuden a los mandos medios y gobernantes “ciudadanos”. Basta mirar la conformación del gabinete de José Ignacio Peralta para comprobarlo.

 

Esa es la naturaleza de una nueva era de políticos impulsados por el PRI, donde José Antonio Meade e Ignacio Peralta son dos de sus cuadros más representativos. La pregunta es en qué momento surgirán las condiciones y quien osará intentar revertir estas condiciones. Mientras esto no ocurra las deserciones, la desatención, el olvido político y la postulación de candidatos ciudadanos, continuarán mermando el ánimo de la militancia.

 

 

Amarrando Navajas

+Tuvo lugar en Villa de Álvarez el acto político de mayor relevancia que hasta el momento han organizado el mandatario estatal, José Ignacio Peralta Sánchez y el dirigente del tricolor, Rogelio Rueda Sánchez. El evento consistió en invitar a José Antonio Meade a degustar antojitos regionales a la cenaduría Julia. El compromiso con el PRI y la militancia de ambos no da para más.

 

+Se informó que debido a que se encontraba de vacaciones, el gobernador del estado pudo acompañar a José Antonio Meade en su visita a Colima. Ahora resulta que en las vacaciones Nacho Peralta se la pasa en Colima, pero cuando debe de ocuparse de la inseguridad y la calidad de vida de los colimenses prefiere viajar por el mundo.

 

 

+El bloqueo del PRI a La Mejor FM para entrevistar al precandidato no priista del PRI, José Antonio Meade, sirvió para confirmar cuál es el estilo de hacer política en el presente sexenio de José Ignacio Peralta: exclusión, cerrazón y menosprecio hacia todo aquel que piensa distinto y no se someta a las directrices del jefe máximo.


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